Todas las entradas por kristOpher Villegas

Canción de cuna para un niño liberado

Ya los hombros no te pesan
y las lágrimas se mezclan
con el agua tan carmín,
cierra los ojos y sueña,
sueña el mundo para ti.
Tu cuerpo ya no contesta
pero ya no hay que seguir.
Las olas tu frente besan.
Cierra los ojos y sueña,
sueña el mundo para ti.
Abierto tu cielo piensa
en las risas que no oí,
en los pasos que no diste,
los sueños que olvidaste,
el juego que no fue.
Cierra los ojos y sueña,
sueña el mundo para ti.
Jugaste a ser delfín
y la mar te sonrío,
el sol quitó tu peso,
cierra los ojos y sueña,
sueña el mundo para ti.
Ve y corre, brinca y salta,
ya no hay nada que temer.
Grita y llora, aunque no haga falta,
cierra los ojos y sueña,
sueña el mundo para ti.
Hoy las olas te acarician
te liberan de sufrir
y abres los ojos y sueñas
sueñas el mundo que debió ser para ti.

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Amanecer

Oigo un suspiro lejano
Que vuelve a encender
Trozos de papel
Intentando caer y creer y coser
Los retazos de un amanecer

Trazo arreboles moteados
con lápiz labial
me atrevo a cambiar
los inútiles trajes de la soledad
por papel celofán
que filtra mi mirar
con azules y rojos y verdes
y un sepia de aspecto otoñal

Y la luz envuelve la ciudad
y tus pasos, mis pasos se suman al de los demás
Dejamos los autos atrás
Alzamos los puños luchando por la humanidad

Pinto carteles a mano
en el humo del café
enredándose en él
mientras abro los ojos y vuelvo a ver
los retazos de un amanecer

Anónimo VI

Tímidamente se levantó el viento esa tarde, mientras le daba su último beso de despedida. Era un agosto de esos que quiebran la templanza de los madrugadores, que tiñen de algodón los prados de la ciudad, y su perro, conocedor de la rutina en estos casos, se lanzó de un salto a la cama y movió sus patas delanteras buscando un tesoro en el colchón. Inevitablemente se levantó sin despertar del todo, tomándose unos minutos para ordenar todo en su cabeza: las ideas, los recuerdos, la lluvia, las manos. No quería salir, pero su cuerpo, que conocía la rutina en estos casos, simplemente movía sus extremidades para conseguir lavarse, vestirse con tres chalecos, dos pantys y el arsenal de vestimenta acorde a este tiempo, tomarse de tres sorbos el café (por supuesto que era tarde) y avanzar por la ciudad destemplada. Todo se veía igual que ayer, excepto que en los bordes de su campo visual había un verde luminoso que teñía de vida el claroscuro matinal. Se subió a la micro pisando cada uno de los pastelones enmarcados en piedras, y se sentó tranquilamente entre dos árboles azotados por la primavera, mirando por la ventana pasar perfiles de casas, de edificios, de tristezas, de cansancio. Se baja un grupo de estudiantes y se sube un gélido torrente por la puerta de atrás que casi le quita el asiento a una anciana, mientras sus pensamientos vagaban al igual que su perro, persiguiendo aves, corriendo tras aquel escurridizo momento vivido en esa misma plaza, mordisqueando cada vara que se cruza en su camino mientras disfruta el calor del sol. Fue en ese momento en el cual llegó a sentarse a su lado y con una tibieza escalofriante le dijo que ya no seguiría con esta situación, que lo sentía pero debía tomar esta decisión y, con justa razón, entendía si su enojo duraba más del tiempo recomendado. Simplemente pasó sus dedos por su cara, se miraron de reojo y le dio su último beso de despedida, al tiempo que tocaba el timbre en la parada ya conocida, bajándose de la micro de tres saltos y sintiendo, en medio del frío y esquivando a los hombres en moda polar, un viento tímido como el de aquella tarde, y al irse una lágrima bajó de sus ojos, cayó al suelo y siguió con su vida.

Montañas y troncos

Me he visto enfrentando a lo peor de la gente.
En un safari que no elegí
me encontré con hombres montaña, mujeres tronco,
con silencios y espacios en blanco.
Continué esta expedición
con miedo en los tobillos,
pero con un aire incandescente brotando de mis ojos
como brota el sol de septiembre por entre las nubes,
como brotan las plumas del ave saliendo de su cascarón.
Tomé como espada mi propia cruz
y mi escudo una suave cabellera que reluce ante las dudas,
que me cubre de las balas
y de los lamentos,
de las iras,
de los tropiezos
y me embarqué en mis propios zapatos para avanzar,
sin saber dónde terminaría.
Me encontré con hombres montaña inamovibles;
me encontré con mujeres tronco de raíces profundas,
con sus piedras frías de nieve,
con sus hojas secas de invierno
y con mi cruz me hice paso
asiendo mis propias batallas como arma
con el filo por delante.
Ahora toco el asfalto con la certeza de no haber llegado al final,
acaricio mi escudo con suaves movimientos
y preparo la marcha.
Quisiera que las montañas se derrumbasen y dejaran ver los verdes prados que esconden;
anhelo que los troncos :vuelvan a ser árboles que se nutran de aguas vivas y pinten el paisaje.
Espero siempre lo bueno
una sonrisa
una mirada
o cualquier cosa que no me haga perder la esperanza en la gente
ya que, si bien he visto lo peor de ellas,
se que existe una llanura, una arboleda dentro de todos.

Lo que dibuja mi mente cuando disfruto el silencio

Y como se trata de una ocasión especial, va con canción…

Lenta la lluvia ha caído.
Pensamientos negativos
se van destiñendo,
se van corrompiendo
de verdes y azules y rojos colores
que cambian el filtro
y vemos ahora la vida
en technicolores
y empieza a buscar la salida,
evitar las bocinas,
encontrar el lugar y el tiempo
para asentarte en tu vida.

Y si quieres abrir tu manito,
posarme en la infinidad de tus dedos,
perderme un ratito
o solo saborear de algún modo
el dulzor de tus labios,
perder la razón…

No entran moscas en tu boca
más si la entreabres
me podría entrometer en tus horas,
armar en un rinconcito alguna choza
y sentarme en las noches a ver tus estrellas
pintar tus colores
y contarte en suspiros mojados
que quiero quedarme a tu lado

Y si quieres abrir tu manito,
posarme en la infinidad de tus dedos,
perderme un ratito
o solo saborear de algún modo
el dulzor de tus labios,
perder la razón,
amarte un momento
y disfrutar el silencio.

Nueve

  1. Partamos por lo evidente: a las nubes no les gusta la noche. Si no es en tropel, si no encadenan sus brazos para armar una sola unidad, simplemente se ocultan y dan paso a un punteado cielo nocturno.
  2. Al viento le gusta jugar. Él no descansa, simplemente va, gira en la esquina, se agarra de aquel auto que parte en la luz verde, se suelta en el parque, se esconde bajo unos arbustos y cuenta uno y dos y tres y parte nuevamente tras esos perros que corren por la vereda y así va tejiendo la ciudad.
  3. Tambaleando por la ventolera y por olvidar sus lentes en el velador al quedarse dormida luego de horas de ver How I met your mother luego de que su compañera de oficina le contará de lo hilarante de la serie luego de que la viera llorar en el pasillo luego de salir a contestar una llamada insistente en la cual las palabras que salieron trizaron su visión en acuosos fragmentos que rodaron por sus mejillas y que la hicieron distraerse y despertar tarde, saliendo apurada y dejando sus anteojos en el velador viendo sin mirar el cielo teñido de mañana. Tambaleando llega a la esquina donde una vez camino de la mano con su amor de colegio, y tropezando con un par de recuerdos cae al suelo, afirmando con sus manos los pasos de personas sin nombre que también guardaron memorias en este lugar.
  4. Otra de las cosas que pasan habitualmente: el éxodo de cucharas fuera del cajón. Cómo queriendo liberarse, revelarse de la norma. Ellas buscan la forma de cortar o de picar, de hacerse invisibles o de atacar, pero su dulce curva no las deja ser otra cosa que cucharas.
  5. Hay noches en que piensas cómo enamorarlo, mañanas en que quieres que las horas avancen en tropel, atardeceres ciegos de concreto, medios días repletos de eufemismos y prejuicios, amaneceres en soledad. Pero todos los días existe un segundo en que todo cobra sentido, y si lo alcanzas, el resto de las horas lentamente correrán hacia lo que tiene que pasar. A mi me pasó a media tarde un sábado. A un amigo fue un lunes por la mañana cuando, sin querer, fue lanzado dentro de un metro que aparentemente no le servía, pero que lo llevó finalmente a ser feliz. Y se de una mujer que vio pasar aquel segundo, o un par de ellos, pero su nostalgia la hizo mirar cierta luz que decaía y siguió aletargada en su vida.
  6. “Cuando te consueles – porque uno siempre termina por consolarse – te alegrarás de haberme conocido”, le dijo el Principito al aviador.
  7. Siento que cien sacudidas no son suficientes, que siempre seremos los que sostienen la sátira mundana, pero espero silente que en un espacio de sin sentidos alcancemos la sabiduría para saciarnos con lo suficiente y seguir nuestra senda hacia el seguro sino de la felicidad…
  8. Los notarios, los dentistas, los cajeros y los delincuentes siguen teniendo una cosa en común: todos se limpien el poto con papel higiénico.
  9. Declaro firme y solemne: hoy soy feliz.

Asunto cotidiano

La gente caduca enfilándose a la soledad
Dos metros de residuos viejos en esta ciudad
Algunos no pueden dormir
Algunas no dejan vivir

Las nubes grisáceas del centro no dejan soñar
Amorfas nublando la vista y dejando al pasar
Un hombre con mucho dolor
Tendido en el suelo pensando en su Dios

Errantes van esas sonrisas mirando al andar
Los miles de llantos, el frío, el caos total
Las filas de autos sin fin
Las filas repletas de gentes sin fin

Las nubes grisáceas del centro no dejan soñar
Pero es que mi sueño de pronto se ha vuelto verdad
Y paso y suspiro y así
Trajino las calles de donde viví

La gente inclemente explota sin ganas de amar
Al ritmo de tacos alegan si vienen o van
Y yo, al ritmo de tu voz
Me enredo un tu pelo y veloz
Te arropo en mi corazón

Detengo la prisa y te canto una dulce canción.

Buenas noches

Pienso en que vienen 366 días antes del próximo año nuevo

Que me queda 1 mes para cumplir un año trabajando

Que los últimos dos meses se han llenado de tranquilidad y equilibrio

Pienso en las guerras, las bombas y los muertos

En tus ojos, en mi guitarra, en los conciertos

Conversaciones eternas, personas que han pasado

personas que se han quedado

Recuerdo los llantos olvidados y las risas amontonadas

Las fiestas, los cambios y virajes

Cuando creí hacer lo correcto y cuando, sin querer, realmente llegué a hacerlo

Los besos, el frío misterio y aquello que no se puede contar

Sus ilusiones, mis sueños y mis realidades

Las gracias, el esfuerzo y la recompensa

Me detengo a tomar aire

Total, al final, el año no se pasa más rápido que el anterior

y el que sigue viene tan avasallador como este

Simplemente voy a seguir con los brazos abiertos

y el alma abierta

e intentando hacer las cosas bien… intentando que todo salga bien

Buenas noches

Anónimo V

…and in that moment, I swear, we are infinite

Hace un tiempo que tengo atascadas unas ideas. Me siento tranquilo sobre el musgo, amarro las manos al tronco de un árbol y comienzo a imaginar paseos por las frescas arboledas de la montaña, tan verdes y altivas, tan quietas, tan vivas. Miro alrededor de vez en cuando para asegurarme de que la soledad se mantiene intacta, y sigo en mis delirios matutinos cuando suena el despertador y no puedo pensar si no en tu rostro, sonreír y lanzarme cama abajo para comenzar con la rutina tan conocida: que el café, que la leche, que quizá hoy como cereales, que el computador, que camisa lisa o a cuadros, y cuándo todo está en su lugar, cuando ya las imágenes en mi cabeza comienzan a disminuir su velocidad, me levanto, sacudo la tierra de mis ropajes, mantengo ese rostro en mis ojos por un pequeño instante y retomo la caminata. Resonará por todo el valle el grito de mi hermano si no llego con una buena carga de murta, unas cuántas manzanas y por lo menos un par de liebres, y recuerdo que dejé una trampa sin revisar, por lo que camino directo al baño, abro la ducha y el agua se lleva el cansancio matinal por las cañerías.

No recuerdo cuando fue la primera vez que vi tu rostro. Simplemente pasaste frente a mi como cualquier persona, simplemente eras parte de ese fondo enigmático y multicolor, mezclando tus líneas suaves con el tosco andar del mundo, tejiendo tu suave cabello redes con el de los demás, moviéndote al compás de la gravedad, pero un día tu figura se hizo nítida y te convertiste en la parte central del nuevo lienzo que comencé a pintar. Más seguro estoy de haberte soñado, porque no te pareces a nadie que haya visto, porque tu piel encandila como ninguna otra de por acá. Te soñé una noche de luna llena bajo el aromo más frondoso, mientras escapaba de las tribulaciones de mis hermanos para recuperar lo que los hombres blancos nos habían quitado semanas atrás.

Temo no encontrarte en el metro, pero me da mayor terror el verte y no saber como reaccionar. Me pasa siempre; voy, vuelvo, saludo a un par de personas y llego, pero contigo me pasa que inconscientemente arreglo mis cabellos cuando te veo -siempre – parada en el umbral de la ventana del otro vagón, sonriente, única, y me largo en un viaje de historias psicodélicas que han provocado que nunca preste atención acerca de cuál es la estación dónde te bajas o donde vuelves a subir a mi mente, y trazo con el dedo figuras azarosas sobre el marrón amargo de la tierra alrededor de mis resecos pies de caminante. De pronto el cielo se estremece y la humareda comienza a elevarse por entre los árboles del valle, y sin dudarlo corro, porque jamás he llegado tarde al trabajo. Tomo micro, metro, preocupado por el reproche de mi jefa, por la frustración que cargaré todo el día hasta que te veo, tan auténtica, como si estuviese sacada de otra historia, o como si sus rasgos se hubiesen quedado plasmados en el tiempo intactos a su paso, como un aviso , como advertencia de lo que quizá se iba a vivir en unos siglos más. Las escaleras eléctricas en reparación me invitan a saltar pendiente abajo, por entre matorrales y árboles inmensos, esperando el momento del disparo. Un atajo, un salto mal calculado y la pierna que me hace caer directamente frente al enemigo, quién me toma del pelo y por poco me lo saca, pero yo, dejando a un lado el dolor, solo deseo volver a ver la imagen de aquella mujer, aunque sea en muchos años más, que cada vez que se me aparece provoca un vuelco en mi, tan irrefrenable, que mañana si me decidiré a entrar en su vagón, buscarla con la mirada y, por fin, sonreírle de vuelta.

Anónimo IV

La nostalgia es una trampa. Iba caminando por Pajaritos cuando veo esa advertencia: La nostalgia es una trampa. Nada de “hombres trabajando” o de “Calle cerrada”. No. Solo aquel letrero naranjo con letras negras que se posaba frente a mi advirtiéndome sobre algo que intuía pero que nunca me había cuestionado. Seguí avanzando haciendo como si nada aconteciera, pero con la sensación de que iba a conocer pronto la real dimensión, el real peligro que esa advertencia tenía para mi.

¿Se han preguntado de dónde viene la nostalgia?

Dos cuadras más adelante la encuentro. Turbada con el sol en frente no fue capaz de verme, pero yo la veía perfectamente, desamparada entre sus ropajes, perdida entre las nubes y el asfalto. La vi caminar de pasos cortos y lentos, como cuidando donde posaba cada uno de sus dedos, queriendo encajar de la mejor manera en cada recoveco de los pastelones de las veredas citadinas, para luego, y siempre de a cinco, dar zancadas veloces casi imitando el andar de Jack Nicholson en “Mejor, imposible”, saltando cada grieta  y cada separación, para luego volver a la lentitud con la que me la encontré inicialmente. No hacía esfuerzos para observar, solo no chocaba, solo su movimiento calzaba con el pasar del resto que caminaban por las orillas de la avenida.

Y aún pensaba en qué quería decirme esa advertencia.

Fui al encuentro de ella, entre curioso y temeroso de lo que pudiera encontrar. Si bien podía ver su andar, su rostro no lograba desvelarlo entre sus giros, entre sus cautelas. A pasos de alcanzar a ver su perfil me detuve para pensar qué le iba a decir, cómo le iba a pedir que detuviera su danza para que se sentara a charlar un momento conmigo, quién era. Pensé unos segundos, suficientes para que cruzara la calle y la pared de caucho rodante y latas multicolores se convirtieran en barrera. Pensé en huir, o en largarme a correr por entre los autos, pero te vi cruzar al otro lado, y me vi perdido entre tu recuerdo incompleto y la necesidad de preguntarte los que me anuda los pensamientos.

Y fue entonces que, sin saberlo, la nostalgia empezó a tomar forma en mi cabeza, poniéndole cada día un rostro distinto a la danza corpórea de tu silueta; si llovía eras morena, si solo estaba nublado el rosado marcaba tu andar, con sol había maquillaje por toda tu testa y el viento me hacía recordar un dorado ingenuo que nunca logré vislumbrar. Comencé, a la vez, a caminar cada vez tramos más largos imitando tu cadencia compulsiva al mezclar pasos cortos y largos, largos y más largos y cortos otra vez. Pasaba todos los días, con o sin razón, por aquella esquina.

Nunca más vi aquella advertencia. Nunca más te vi. Pero te veo todos los días, y con cada jornada estoy más seguro de que es verdad: la nostalgia es una trampa.