Montañas y troncos

Me he visto enfrentando a lo peor de la gente.
En un safari que no elegí
me encontré con hombres montaña, mujeres tronco,
con silencios y espacios en blanco.
Continué esta expedición
con miedo en los tobillos,
pero con un aire incandescente brotando de mis ojos
como brota el sol de septiembre por entre las nubes,
como brotan las plumas del ave saliendo de su cascarón.
Tomé como espada mi propia cruz
y mi escudo una suave cabellera que reluce ante las dudas,
que me cubre de las balas
y de los lamentos,
de las iras,
de los tropiezos
y me embarqué en mis propios zapatos para avanzar,
sin saber dónde terminaría.
Me encontré con hombres montaña inamovibles;
me encontré con mujeres tronco de raíces profundas,
con sus piedras frías de nieve,
con sus hojas secas de invierno
y con mi cruz me hice paso
asiendo mis propias batallas como arma
con el filo por delante.
Ahora toco el asfalto con la certeza de no haber llegado al final,
acaricio mi escudo con suaves movimientos
y preparo la marcha.
Quisiera que las montañas se derrumbasen y dejaran ver los verdes prados que esconden;
anhelo que los troncos :vuelvan a ser árboles que se nutran de aguas vivas y pinten el paisaje.
Espero siempre lo bueno
una sonrisa
una mirada
o cualquier cosa que no me haga perder la esperanza en la gente
ya que, si bien he visto lo peor de ellas,
se que existe una llanura, una arboleda dentro de todos.

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