Nueve

  1. Partamos por lo evidente: a las nubes no les gusta la noche. Si no es en tropel, si no encadenan sus brazos para armar una sola unidad, simplemente se ocultan y dan paso a un punteado cielo nocturno.
  2. Al viento le gusta jugar. Él no descansa, simplemente va, gira en la esquina, se agarra de aquel auto que parte en la luz verde, se suelta en el parque, se esconde bajo unos arbustos y cuenta uno y dos y tres y parte nuevamente tras esos perros que corren por la vereda y así va tejiendo la ciudad.
  3. Tambaleando por la ventolera y por olvidar sus lentes en el velador al quedarse dormida luego de horas de ver How I met your mother luego de que su compañera de oficina le contará de lo hilarante de la serie luego de que la viera llorar en el pasillo luego de salir a contestar una llamada insistente en la cual las palabras que salieron trizaron su visión en acuosos fragmentos que rodaron por sus mejillas y que la hicieron distraerse y despertar tarde, saliendo apurada y dejando sus anteojos en el velador viendo sin mirar el cielo teñido de mañana. Tambaleando llega a la esquina donde una vez camino de la mano con su amor de colegio, y tropezando con un par de recuerdos cae al suelo, afirmando con sus manos los pasos de personas sin nombre que también guardaron memorias en este lugar.
  4. Otra de las cosas que pasan habitualmente: el éxodo de cucharas fuera del cajón. Cómo queriendo liberarse, revelarse de la norma. Ellas buscan la forma de cortar o de picar, de hacerse invisibles o de atacar, pero su dulce curva no las deja ser otra cosa que cucharas.
  5. Hay noches en que piensas cómo enamorarlo, mañanas en que quieres que las horas avancen en tropel, atardeceres ciegos de concreto, medios días repletos de eufemismos y prejuicios, amaneceres en soledad. Pero todos los días existe un segundo en que todo cobra sentido, y si lo alcanzas, el resto de las horas lentamente correrán hacia lo que tiene que pasar. A mi me pasó a media tarde un sábado. A un amigo fue un lunes por la mañana cuando, sin querer, fue lanzado dentro de un metro que aparentemente no le servía, pero que lo llevó finalmente a ser feliz. Y se de una mujer que vio pasar aquel segundo, o un par de ellos, pero su nostalgia la hizo mirar cierta luz que decaía y siguió aletargada en su vida.
  6. “Cuando te consueles – porque uno siempre termina por consolarse – te alegrarás de haberme conocido”, le dijo el Principito al aviador.
  7. Siento que cien sacudidas no son suficientes, que siempre seremos los que sostienen la sátira mundana, pero espero silente que en un espacio de sin sentidos alcancemos la sabiduría para saciarnos con lo suficiente y seguir nuestra senda hacia el seguro sino de la felicidad…
  8. Los notarios, los dentistas, los cajeros y los delincuentes siguen teniendo una cosa en común: todos se limpien el poto con papel higiénico.
  9. Declaro firme y solemne: hoy soy feliz.
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