Anónimo II

Quieres moverte, pero la curiosidad no te deja tranquilo. Escuchaste la sirena y partiste, sin decirle a nadie, a ver que sucedía. Le preguntaste si quería ir pero no esperaste respuesta, no esperaste un segundo, ni siquiera viste si te seguía o no, solo avanzaste hacia las sirenas ¿de Carabineros? ¿una ambulancia? ¿o serían los bomberos? Aún no has aprendido a diferenciar los cambios de ritmo, de nota y de velocidad de cada una, pero sabes que es una tarea pendiente de esas que es bueno postergar. Cruzaste Salvador con rojo, dos autos bruscamente detuvieron su andar para no matarte, y tú solo sonreíste y subiste tus hombros como si fuera suficiente. Seguía atrás tuyo, aún sabiendo que nunca ibas a mirar hacia atrás, te seguía las pisadas, las irresponsabilidades, las travesuras desde siempre, desde cuando no tenías memoria. Le quitaban juntos los chupetes a tus compañeros en el jardín, y ahora lo seguían haciendo con las novias de quien se cruzara en la fiesta, los dos a la par, o casi, ya que siempre ibas dos pasos adelante. Ahora eran alrededor de diez (los alcanzó a contar llegando a las torres de Tajamar). El humo se alzaba parco y silencioso, como disfrutando su visión privilegiada, su mirada de testigo principal. Protagonista mudo, eso era. Tú siempre viviste gritando, pataleando, alardeando, a diferencia de la introversión de quien te sigue los pasos. No sabría responderte qué es mejor. Pero ya te acercas, miras a tu alrededor y recién en este punto te percatas de todo, del accidente, de que si te vienen acompañando, de que la gente casi no se sorprende de un camión ahumado pero si de lo lamentable que es perder un plasma de 42 pulgadas en un suceso de este tipo. Se sientan juntos en el pasto, viendo las última volutas de humo escapar del escarnio acuoso del que fueron víctimas, viendo el tinte gótico de aquel camión que le da un aire de nostalgia, de recuerdo, como si el paso del tiempo lo hubiese dejado en ese estado en plena Avenida Providencia y no una falla mecánica de hace 15 minutos. A veces el tiempo es el culpable, pero muchas más son tus fallas, tu distancia, tu querer mostrarte siempre más grande, tus deseos de ser siempre el primero sin saber qué. Ya lo sabía. Un camión incendiándose, ya lo sabía, pero no quiso bajar hasta que tú salieras. No puedo imaginar si tu harías lo mismo. Creo que no.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s