Instrucciones para construir un puente de sonrisas

Se empieza de una limpia y simple manera: recordando. No del modo nostálgico, triste y oscuro que solemos utilizar. No. Hay que buscar en el torbellino de nuestras ideas una brisa suave en una playa de un 15 de febrero mientras caminamos mirando el mar, el crujido de hojas mientras saltamos por la plaza hasta llegar a los columpios, la mano de él, el aroma de una sabrosa cazuela recién servida que impregna las tablas de la cabaña, o las palabras del último libro que tragaron nuestros ojos. Teniendo ese recuerdo a mano, lo siguiente es aventurarse a revisarlo, re-observarlo y re-sentirlo, tomarlo con las manos, asirlo y acariciarlo, moverlo por los muslos y por los hombros, sentir su calidez y suavidad, dejarlo luego en un escritorio, mesa o en el suelo, sentarse frente a él y escuchar atentamente lo que quiera decir, o el tañido que quiera emitir, o la canción que nos quisiese dedicar. En ese momento empezarás a sentir que tu cara deja de ser tuya y que los dedos de alguien más comienzan a modelar tus mejillas, levantando levemente el ángulo de tus labios, relajando el resto de tus músculos y separando tus párpados para que puedas ver más y mejor que de costumbre. En este momento estás sonriendo.

Terminado este primer paso avanzamos a una parte un poco más compleja, para la cual es necesario que mantengas dicha sonrisa en tu cara. Si bien suena fácil de lograr, es una empresa compleja y llena de obstáculos, empezando por tus mismos recuerdos oscuros, fríos y persistentes, sumándole algunos rostros que no han aprendido a sonreír y que te encontrarás en el camino y una que otra imagen que el mundo construye para borrar lo que con esfuerzo y dedicación haz logrado. No hay una receta para encararlos, pero a muchos les ha servido tomar el recuerdo que te generó la sonrisa y llevarlo consigo en un lugar visible, para verlo cada vez que algo intente que dejes de sonreír. Ahora que has mantenido tu sonrisa intacta, el siguiente paso requiere de gente que, al igual que tú, haya aprendido a sonreír. Es sencillo reconocerlos; basta mirar a la cara a la gente que vas encontrando y, si sus labios están levemente tensados, sus ángulos apuntan hacia las nubes, sus ojos se abren dejando pasar los verdes y azules y naranjos y su rostro se ve enormemente relajado, es porque en ese momento se encuentran sonriendo. Algunos se asustan y esconden su sonrisa, pero no es particularmente una buena idea, ya que no podríamos llegar al final. Manténla, mira a sus ojos y comiencen a juntar sus sonrisas.

Cuando ya hayan llenado las calles de gente sonriendo, es tiempo de pasar a la siguiente fase, aún más compleja que la anterior. Es necesaria la máxima concentración y coordinación de todos. Mirándose a los ojos, con sus sonrisas intactas en sus rostros, hay que liberarlas. El proceso de liberación de sonrisas debe seguir los siguientes pasos: es necesario que todos saquen sus recuerdos de sus bolsillos o bolsos, o mochilas o donde lo hayan guardado y lo dejen frente a sus sonrisas, entrelacen sus manos formando un conjunto unitario de sonrisas y, abriendo aún más los ojos, veamos el rostro del otro a través de sus recuerdos, veamos la felicidad de quién está a nuestro lado a través de su rostro sonriente, pleno. En ese momento nuestras sonrisas se liberaran de nuestro rostro, posándose en el de la otra persona. Si bien es complejo, es un acto casi imperceptible, salvo cuando se acompaña de un suspiro, indicio de que tu sonrisa se soltó con tanta fuerza que el aire que la rodeaba se movió junto a ella. Esto dura aproximadamente 0.000000368 segundos, tiempo suficiente para comenzar a hilar los cimientos de este puente.

Esta fase hay que repetirla todas las veces que sean necesarias (los expertos dicen que superar esa cifra es en extremo recomendable), cuidando de mirar a distintas personas cada vez. Es necesario explicar, para evitar bochornos, malos entendidos o complejos problemas, que las sonrisas a veces viajan en direcciones distintas a la del rostro que se mira, llegando a rostros que no han sido capaces aún de hacer los pasos anteriores. Esto es esperable y muy positivo, y si pueden intencionadamente lanzar sus sonrisas a aquellos curiosos que se acercan a ver todo esto, mucho mejor, ya que estos inevitablemente se unirán a ustedes para hacer aún más grande y resistente esta construcción.

Así pasamos a la última fase de este proceso, para lo cual se hace necesario describir las características de este puente, el cual tiene la particularidad de unir más de dos puntos a la vez; este puente empieza en ti y termina en todos los demás. Es así que la última fase es la repetición de todas las anteriores, a veces en el orden sugerido, otras en secuencias azarosas, pero todas con el mismo resultado: nuestro puente de sonrisas.

Y si llegas a cansarte en algún punto, situación extraordinaria si eres parte del puente, no te preocupes (es lo peor que puedes hacer). Respira hondo y espera aquella sonrisa que viene viajando hacia tu rostro para volver a apaciguarlo, haciendo fluir cientos de arcoiris hacia tus ojos para recuperar tu tranquilidad y sentirte una vez más  feliz junto a ti, junto a todos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s