Cuando el viento sopla

Viento frío cargado de historias. En un viaje al sur, en una noche que avanzaba al compás del fuego, las cuerdas y un poco de risas y alcohol me contaron que las estrellas, ahí blancas y quietas como se ven, tienen la capacidad de ver corazones, fijándose en quienes los llevan en paz y quienes cargan lastre en sus pechos, y cuando se dan cuenta que muchos tenemos tantas cosas guardadas en ellos que nos hacen dejar de sonreír, ellas suspiran, y ese aire vibrante viaja hasta nuestros rostros en forma de viento. Mentira, no me lo contaron. Lo acabo de inventar, pero me gusta pensar que así es.

Santiago esta lleno de vientos fríos. El centro es frío, el San Cristobal, Providencia, aquella esquina donde tomé un helado delicioso hace varios años atrás son fríos. Entre bufandas, guantes, abrazos y caricias se crean historias en la capital plomiza donde es más fácil morirse de hipotermia que buscar compañía. Ayer vi una de esas historias, a las 8 de la mañana en Plaza de Armas, al ladito de la catedral, mientras las tiendas despertaban y las gentes amontonadas y gentes encamisadas y gentes esclavas y gentes cargadas de sueño y rabias y tareas pendientes comenzaban a llenar aquel espacio de verde cemento, ella caminaba con paso de santiaguina y él, lento como si nunca hubiera estado en la ciudad, miraba embobado el arte del templo cuando chocaron, y en ese mismo instante, al mirarse y pedirse disculpas, sus ojos se cruzaron y lograron ese breve instante de sincronía que hace hasta al más apático esbozar una sonrisa, convirtiéndose en la historia más emocionante del día, haciéndolos sonrojar cada vez que contaron aquel encuentro.

Santiago es una ciudad fría, si. Sin embargo, cuando el viento en otros lados se vuelve cálido y agradable, son otras las cosas que suceden. Viento tristeza y viento anestesia se visten de calor cuando soplan. Lo frío no es triste; nos despierta, nos eriza y nos mantiene atentos, y es una invitación para buscar compañía. Lo cálido se disfruta a solas, o díganme que es agradable andar abrazando a otros cuando caen decenas de grados en verano en la capital horno que nos cocina cada enero. Viento incandescente es el que trae nostalgia en cada caricia, que trae recuerdos viajando en sus brazos que estallan como bombas de racimo dentro nuestro. Como cuando el Maipo sopla su bochorno con algarabía y me colma de una tranquila melancolía nocturna, que aprieta el pecho y suelta un suspiro que viajará por el viento para, en un tiempo más, volver robusto y calmo a instalarse nuevamente en nosotros.

Viento frío o viento cálido, no hay más que salir, suspirar y vivir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s