Tiempo

No quiero pensar en el tiempo, pero el tiempo indudablemente que arrasa con todo a su paso. Es increíble el trabajo meticuloso en que realiza para dejar pasar situaciones, como retiene sentimientos, como repite y repite sin un fin a la vista los hechos, los recuerdos, los errores, las mentiras y las verdades. El asunto es pensar si el tiempo está de nuestro lado o es un enemigo, un escollo más que debemos enfrentar. Que el tiempo cura, dicen algunos, que hay que dejar que pase el tiempo (como si eso dependiera de nosotros) o que hay que darle tiempo al tiempo; una machi puede curar mi alma, pero el tiempo solo mantiene la dolencia mientras pasa y pasa sin detenerse, y darle más tiempo, ni pensarlo. Y no creo que sea el tiempo quién nos enseña o nos permite olvidar o recordar, sino nosotros mismos que, engañándolo de vez en cuando, sacamos nuestras vivencias de su letal torrente para guardarlo en nuestros calmos lagos del alma, aprovechando de hacer algún ejercicio educativo y permitiendo, luego de haber gastado un poco más nuestras suelas, volver a traerlas al ahora. El tiempo, sin embargo, es el gran compañero del olvido. Es él quien se lleva aquello que no miramos, que no nos pasa o que deseamos que se vaya. Pero a veces elegimos recoger recuerdos y sentimientos equivocados, que debieran seguir el curso del tiempo, pero que en un acto más bien inconsciente nos los quedamos, y nos destruyen, o al menos se convierten en barreras que facilitan la labor del tiempo. El tiempo ha sido enemigo de las memorias de los anónimos, haciendo parecer que la historia que nos cuentan es la verdad absoluta; la historia “oficial” es solo eso, lo que los que detentan una posición hegemónica quieren decir, pero que es solo una de las tantas memorias, de las tantas vivencias que existen y que debieran ser contadas, quizá así entenderíamos un poco más porque nos comportamos de tal modo o de otro, porque tenemos ciertas ideas, una forma particular de ver el mundo y nos ocupamos en las actividades que elegimos. Pero el tiempo es amigo del olvido, lo repito una vez más. Ahora la cuestión es saber si podemos o no sacarnos de encima tal pandemia, y la respuesta… la respuesta solo se halla cuando nuestro cuerpo termina de luchar. Es en ese momento cuando, por fin, entendemos cómo hacer del tiempo no un enemigo, sino un aliado. Mientras hay que dejar huellas nítidas, y limpiar las de aquellos que nos precedieron de polvo de otras que sutilmente las han remplazado. Trascender, dirán algunas. Yo digo simplemente caminar con paso firme, siguiendo a aquellos que pasaron y marcando sendas para que los que vienen no las sigan, ya que solo así engañaremos al tiempo, y sólo así cada una de las memorias anónimas serán vistas y nunca ocultadas.

"el tiempo dura lo que dura el tiempo"
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