Navegar

No hay paz

Hasta más allá del mar,

de la ciudad se escapan mil

viejos poderes, se estancan.

Tomo un clavel,

me voy de aquí.

Tren que vuela sin zarpar,

ojos despiden su hogar,

tiempo de estar, de avanzar

y yo sin maletas me vuelvo a encontrar.

Perdió las arenas de su litoral,

pidió a las estrellas un pie y un salar

y poder despertar.

Camina hacia dónde ve

las caderas y son tres.

Bailan corridos y cuecas

cumbiando sobre la mesa.

Se toma todo el local

un silencio transmural

con campanas, sin bocinas

grita la gente al pasar:

“qué lo bajen, ya debe parar.

¿Dónde fue tu cordura?”

No entienden que él ya no quiere bajar…

y me voy a navegar.

Hacia el mar

a un lugar

más allá…

Proa en línea, su aroma me guía.

Suelto las amarras y zarpo a la brisa;

detengo la marcha, las olas avanzan,

gritos de alegría y navego a la vida.

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