We’re all in this tOgether…

Me despierto y miro el cielo que una vez mas en esta semana comienza recien a teñirse de vida. Me levanto preguntándome por qué quise, o por qué me deje convencer. Pero ya no hay opción. Ducha rápida, la ropa, el gorro, un beso a mi madre que duerme profundamente y a mi padre que ve (o eso quiere hacerme creer) la televisión. La travesía empieza entre bocinas y luces y el sol que sale por entre las montañas. Gente conversa cosas que no me interesan: Que el dolar se tropezó, que Don Juan es un hijo de puta, y tu hermana que esta a punto de tener a su hijo, estación Vicente Valdés-lugar de combinación con línea 5 (y todo el discurso que uno se sabe de memoria).

Despierto de golpe en Bustamante. Corro por las escaleras de Baquedano y me sumergo en un mar de ropa en el tercer vagón del metro. Cuando me bajo ya el sueño se ha ido y una extraña energía se apodera de mi…eso debería decir, pero el sueño persiste con mucha fuerza.

Y llega el momento. Una extraña vorágine de sucesos transcurren, uno tras otro e incluso al mismo tiempo, en un tiempo que resulta poco pero demasiado. Uno ahi, con sueño, y él… él lleno de vida y de cariño, lleno de abrazos y sonrisas que esperan ser correspondidas.  Y lo saludas y ahi, justo en ese momento, en ese susurro de tiempo, el sueño nos deja y es ahí cuando despertamos, cuando abrimos nuestros ojos y nos abandonamos solo para que un otro tenga una mañana, un día o una semana INOLVIDABLE, no importa que tonteras hay que hacer: si conversamos, si gritamos, si nos pintamos o bailamos, si nos convertimos en payasos o pasamos a ser simplemente un amigo… y su sonrisa es nuestra mejor paga, un abrazo la mejor manera de darnos energía, una mirada o una palabra de agradecimiento el mas grande tesoro.  Y ahi, en un huracan de mil cosas, nos conocemos, nos descubrimos y descubrimos a otros, hasta que el viento cesa y nos devuelve la calma, y junto a los adioses vuelvo a la normalidad… y a casa.

Y asi fué por una semana, y decenas de emociones brotaron en todos. Ahora solo guardar (no en un cofre bajo siete llaves, sino lo mas cercano a nuestra piel, visible y a la mano) los recuerdos que han quedado y seguir… juntos en esto, codo a codo, mano a mano o pensamiento a pensamiento…

…porque los niños son presente, no futuro. Y porque no hay nada que los haga ser menos niños, ni silla de ruedas ni lentes, ni protesis ni esguinces, ni palabras o silencios… siguen siendo niños.

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