…Y es que solo desapareció, voló de su mano. En un segundo pasó de el mejor momento del dia a un extraño abismo, mezcla de angustia y rabia y desazón y… y quién sabe que cosas mas. Pero ya era inevitable. Ya se había ido. Ya el día no iba a ser igual y ese sabor agridulce permanecería hasta mañana.

Pero ahora, recostado en su pieza, mirando al techo, a la nada, se da cuenta que lo repentino, que lo sorpresivo, que lo instántaneo del hecho creó una pequeña grieta que en el momento se volvió tan oscura que parecía abismo, pero que ahora permite que él se de cuenta que no es necesario el contacto, que no es necesario su calor para sentirla, para recordarla, para amarla…

Ce !

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